Han pasado 6 años desde que escribo estas líneas.
Todo el año 2020 pasó en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, al mismo tiempo, sentí que todo avanzaba con una lentitud interminable. La pandemia del COVID-19 cambió nuestra percepción del tiempo y de la vida cotidiana.
Vivimos momentos de mucha incertidumbre, especialmente cuando eres extranjero y estás lejos de tu familia. Pasar el confinamiento en un país que no es el tuyo implica un aislamiento doble: físico y emocional.
Afortunadamente, no estuve solo. Viví la pandemia en Francia junto a mi novio.
El inicio del confinamiento en Francia
Recuerdo claramente el día en que Emmanuel Macron dio su discurso por televisión anunciando el confinamiento total y el inicio del teletrabajo obligatorio. En ese momento, mi pareja y yo estábamos en mi apartamento y decidimos que pasaríamos juntos esta pandemia.
Como muchos, pensamos que sería algo temporal. Nos equivocamos.
Antes del COVID-19, yo vivía solo. Habíamos planeado mudarnos juntos, pero no tan pronto. Mis padres incluso pensaban venir a visitarme y quedarse en mi pequeño pero acogedor apartamento de 27 metros cuadrados, ubicado cerca de un museo de cinematografía en Francia al que, curiosamente, aún no he entrado.
—Nuestra primera pandemia juntos —le dije medio en broma.
La pandemia como una película apocalíptica
Todo parecía una película de ciencia ficción: un virus que se propagaba rápidamente por todo el planeta y obligaba a la población mundial a encerrarse. No sabíamos cómo afectaría el COVID-19 al cuerpo humano, cuándo llegaría una vacuna ni cómo había comenzado exactamente.
Durante los primeros días del confinamiento sentía que estaba soñando.
Semanas antes de que la situación fuera declarada pandemia mundial, hablé con mi padre. Le conté lo que estaba ocurriendo en Francia y le advertí que estuviera atento. Su respuesta fue clara:
—Eso no va a llegar hasta aquí.
Llegó.
Las primeras semanas del confinamiento por COVID-19
Durante las dos primeras semanas salimos solo una vez para comprar lo esencial. Decidimos reducir al máximo las salidas. En ese momento, no usábamos mascarilla, ya que existía mucha confusión sobre su eficacia. Incluso representantes del gobierno minimizaron su importancia.
El tiempo demostró que fue un error.
Teletrabajo durante la pandemia
Con el confinamiento llegó el teletrabajo. Los días pasaban lento y rápido a la vez. Al inicio fue agotador, pero poco a poco nos adaptamos.
Mi novio comenzó a cocinar más, especialmente tortas y postres. Yo creé un TikTok donde compartía sus recetas. Buscamos formas de mantenernos positivos.
Aproveché ese tiempo para terminar mi webcómic Infinidad, un proyecto personal que había postergado durante años por falta de tiempo. La pandemia me dio, paradójicamente, el espacio para cerrarlo.
Adaptarse a las nuevas normas
Con el paso de las semanas, comenzamos a disfrutar pequeños momentos. Salíamos a caminar al parque cercano, con un límite de una hora y un permiso obligatorio. Luego ese sistema se transformó en una aplicación oficial, hoy conocida como TousAntiCovid.
Entre redes sociales, aperitivos en casa, maratones de series como How I Met Your Mother y Desperate Housewives, y una Navidad lejos de mi familia en Perú, pasaron dos confinamientos.
Convivencia con el virus
Entre ambos confinamientos hubo un periodo de menor número de contagios. Aprovechamos para viajar por el centro de Francia y Normandía. El segundo confinamiento fue más largo, pero menos estricto.
Poco a poco, aprendimos a convivir con el virus.
Vacunación contra el COVID-19 en Francia
La vacunación comenzó a principios de 2021. Cuando se abrió para personas menores de 40 años, fui de los primeros en vacunarme. Tenía planeado viajar a Perú y quería hacerlo protegido.
No desconfío de las vacunas. Entiendo que haya dudas, pero personalmente confío en la ciencia y no creo en teorías conspirativas.
Actualmente, para acceder a cines, teatros, gimnasios y restaurantes en Europa, es necesario presentar un código QR desde la aplicación TousAntiCovid. Aunque genera debate, a mí me aporta una mayor sensación de seguridad.
Responsabilidad colectiva
Desde el inicio entendí que este virus no se podía vencer de forma individual. Solo de manera colectiva.
Muchos hábitos cambiaron: los saludos con besos o apretones de mano, la cercanía física, la higiene constante y el uso de mascarillas. Lamentablemente, estos cambios llegaron después de que muchas personas perdieran la vida.
La gente, muchas veces, no cree hasta que le ocurre a alguien cercano.
El capítulo final
La pandemia continuó, pero actualmente no se habla sobre esto. La noticias han sido reemplazadas por guerras y temas politicos tensos.
No se qué es peor…
Uno de los efectos positivos ha sido la consolidación del teletrabajo, una modalidad que disfruto mucho. En este nuevo trabajo tengo máximo dos días y los disfruto mucho. Me gusta tener esa versatilidad con el espacio de trabajo.
El impacto social fue enorme en un principio, y si bien hay un antes y después, pareciera que como una catarsis social de gran escala este tema ha quedado relegado a algo anecdótico, otros temas explotaron luego como el desarrollo de la IA (#ghibliAI) o las guerras y toman actualmente protagonismo.
Quizás finalmente la pandemia no cierre el capítulo final de la humanidad pero la que se empieza a tejer con la division de ideologías de derechas e izquierdas.
Conmigo será hasta un próximo post.
À bientôt,


